Magaly Solier

Escrito en breves anotaciones desde que tenía unos ocho años de edad, Warmi, el disco debut de Magaly Solier, cumple dos sueños. Para Solier, el sueño del primer álbum propio, compuesto por ella misma con canciones que demoraron una vida en cobrar su forma final. Y el segundo para nosotros, un sueño nacional, al darnos un disco conceptual de música andina como no se ha grabado nunca antes en el Perú.

Algo que todos, sin saberlo, habíamos estado esperando. Warmi tiene el nivel de rigor de cualquier investigación musical hecha desde la perspectiva negra por artistas como Susana Baca, con la diferencia que la locación aquí es el ande y su cultura, y quien nos guiará en este carrusel emotivo -por momentos aterrador y en otros festivo- no es una investigadora, sino una protagonista testigo de lo que canta. Escépticos: abstenerse, pierden su tiempo. Warmi no es obra de un productor intentando sacar provecho de Solier, ahora que La Teta Asustada ha vuelto a su protagonista la engreída de casa. Con Oso de Oro o sin Oso de Oro, Warmi se estuvo gestando hace mucho, y si alumbra durante el mejor momento en la carrera de Solier no debe tomarse sino como el presagio de un futuro más grande para ella.

A Solier le gusta presentar a su disco “como una película”, puesto que en él intervienen personajes que se suceden en escenas con planteamiento, nudo y desenlace. Más acostumbrado a su trabajo con artistas como Gianmarco, el productor y arreglista Cali Flores debió batallar para darle forma a estas exigentes idas y vueltas en el guión musical de Solier, respetando incluso ciertos desperfectos en las letras en castellano para conservar autenticidad. Cada canción aquí es una escena trabajada al detalle por la dupla Solier-Flores, donde Solier se desdobla asumiendo la voz, actitudes y martirios de cada una de sus creaciones. Así, la estructura de cada canción se altera cada vez que un personaje habla – incluyendo el registro musical en que se canta y el ritmo. En este aspecto, la complejidad lograda en Warmi es comparable a una heroica gesta compositora de la que Flores, como primer oficial, sale invicto.

Consultado sobre referentes conocidos, el maestro Flores -quien está a cargo de la batería- encuentra en Warmi (”Mujer”) paralelos lejanos con historias épicas como el Inti Raymi. En artistas vernaculares, intentos previos y similares a este álbum son más escasos. La historia es así: en un pueblo imaginario de la sierra peruana (no cuesta imaginar que Ayacucho, tierra de Solier), cuatro mujeres se encuentran para desnudar sus desventuras y la búsqueda de una esperanza que parece perdida.

Maribel (a quien su abuela llama de cariño “Lecucha”) es el alter ego de Solier, una muchacha de carácter dedicada a ayudar a las otras tres protagonistas. Suponemos que Maribel tiene algo más de exposición a esa cosa llamada “derechos humanos” y por ello se da cuenta que, lo que en su comunidad es cotidiano, en realidad son atroces humillaciones perpetradas por los hombres contra las mujeres, quienes además vienen de sufrir terribles desgracias heredadas de la violencia terrorista.

Citaray es una mujer que intenta seguir con su vida como si su hijo no hubiese nacido y no hubiese muerto a manos de Sendero. Sonia, amiga de Maribel, tiene un padre que le agarra a golpes y vive para el alcohol. La abuela de Maribel quedó inválida después de una incursión terrorista y pese a su fuerte espíritu no hay nada a lo que tema más que al viento, a los truenos, a la fuerza de una naturaleza la cual -es consciente- le excede. También conoceremos al padre de Sonia, que se hizo cargo de ella cuando su madre los abandonó y a la misma madre, que vuelve al pueblo y hace huir a la nueva esposa de su marido, la madrastra de Sonia.

Solier pudo hacer un típico álbum mediocre de actriz-queriendo-ser-artista, llenándolo de ritmos tropicales, colgándose una guitarra acústica al hombro y usando faldas coquetas mientras declaraba amores ficticios con letras fabricadas por los profesionales del negocio. En su lugar, optó por grabar un tema embriagador como “Viento que Corre”, una evocación poética en que Solier se atreve a llamarle la atención a una de las fuerzas más poderosas de Natura por ser envidioso de los campos y praderas “porque a ti no te pueden tocar”. O gritar “¡Licuuuuuuuuuuuuucha!” en medio de una letra como “ya vienen las nubes negras / escoltadas por los truenos / por los rayos / por los relámpagos”. (”Para Para”, “Lluvia Lluvia” en castellano) “Ripu Ripusajmi” es más visceral y directa, sin tiempos para metáforas ociosas: “Seguro tu padre borracho / seguro tu padre machista / siempre que decides marcharte / siempre te golpea tu padre”.

Warmi es así: puro, original, complejo. Cuánto esnob local quisiera componer estas letras. Cuánto seudovanguardista estas canciones. Pero aún entonces, se necesitaría una Magaly Solier para poder interpretarlas como se debe. Eso es algo que en la ciudad pocas veces se aprende y tantas otras se olvida.

Comentario de Sandro Mairata

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2 comentarios

  1. El pass no funciona…

  2. escribe bien el pass no es mi link yo lo baje y funca nomas

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